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 Chocolate Mexicano
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Un regalo de México al mundo
Lleno de la magia de nuestros ancestros, el chocolate cuenta nuestra historia de amor.

Theobroma cacao, chocolate, schokolade, chocola (árabe), chocolate (francés), cioccolata (rumano), xocóatl (nahuatl), ka-kaw (maya precolombino) y chocólatl (voz empleada en la segunda mitad del siglo XVI por los hispanos).

Desde la antigüedad, México ha sido reconocido como el precursor del cacao. La esencia de este frágil y delicado árbol surge de nuestras ricas y gloriosas tierras, específicamente de la zona denominada “El Soconusco”. Ésta es un región tropical de latitud entre 20º sur y 20º norte, alrededor del cinturón del ecuador, en donde encontramos un clima cálido de 21 a 25ºC constantes todo el año. El cacao crece mejor a una altura de 400 a 1250 mts sobre el nivel del mar, con una humedad relativa de entre 65-70% a lo largo del año. Ahí, a la sombra de otros árboles más altos que con su delicada sombra y entre el aire suave, se logra el desarrollo del cacaotero.

En el libro del Popol-Vuh se narra que en el momento de la creación del cosmos y de los humanos en su forma final, los dioses tendrían que buscar los alimentos que habrían de componer su cuerpo. Uno de estos frutos elegidos fue el cacao, encontrado en el “Monte de Nuestra Subsistencia”.

Para los aztecas fue una de las plantas domésticas que debían sostener la vida humana, y desde la montaña en donde éstas fueron escondidas, el gran Dios Quetzalcoatl, “La Serpiente Emplumada”, intervino para ponerlo al alcance de los hombres. Lo colocó en las tierras para que de forma silvestre se diera.

Fue entonces para nuestros ancestros, un fruto muy valioso que se consumía como excepcional bebida espumosa de sabor amargo. Estaba reservado sólo a las clases sociales de alto rango, a la nobleza y a los dioses, pero, durante las batallas, se daba a los soldados con el fin de fortalecerlos en sus cruentas cruzadas. Se dice que Moctezuma, emperador del imperio azteca, consumía 50 tazas diarias de este elixir de amor para vigorizar el alma, el cuerpo y el espíritu pero también con el fin de remozar su virilidad.

Efectivamente, hoy después de 12 años imbuida en esta hermosa pasión del conocimiento del místico cacao mexicano, he comprobado día a día que ciertamente el chocolate es el más puro elixir de amor porque en cualquiera de sus presentaciones siempre resulta un deleite degustar, regalar, comprar o compartir una pieza de buen chocolate para agradecer, amar o simplemente expresar un buen sentimiento sincero.

El chocolate es mágico ¡indudablemente! Creo que su magia es consecuente de la mística impresa desde sus orígenes al ser éste, un fruto que los Dioses en la creación del universo regalaron al hombre para sostenimiento de la vida humana. Hoy, sé que es tan mágico que les aseguro que al degustar una pieza de nuestros chocolates sentirán cómo se despiertan todos sus sentidos, empezando por el séptimo: el del amor…Observarán cómo este producto los transporta a momentos, personas y espacios del ayer, siempre con un muy sutil y agradable sabor..Es tan legítimamente mágico que resulta una caricia para el alma… pruébalo tú...

Sabemos que la sabiduría de los mayas es excelsa y el reconocimiento del chocolate como alimento vigorizante data de aquellas épocas precolombinas. Desde entonces se sabe que es un alimento con propiedades legítimamente nutritivas desde una perspectiva global del ser humano. Estudios científicos actuales han demostrado que estimula el sistema nervioso central, la producción de serotonina (“la hormona de la felicidad”). Su composición bio-química estimula la relajación, el vigor… la felicidad…el amor.

“Chokola´j” que significa BEBAMOS CHOCOLATE JUNTOS en lengua náhuatl.

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